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Por un mundo sin violencia

...Sin justicia, no hay paz. La justicia y la paz son inseparables; están indisolublemente unidas. En palabras del salmista: «El amor y la verdad se darán cita; la paz y la justicia se besarán» (Sal 85.10).






En ausencia de la justicia sólo es posible una paz espuria. La falsa seguridad de los opresores, basada en la coerción, o la modorra de los oprimidos, resultante del temor, pero no una paz real. La paz de un cementerio, o de un campo de concentración, o de un país bajo ocupación militar, pero no una paz genuina y duradera.

Shalom nunca puede ser la experiencia de una sociedad corrompida, de una sociedad materialista obsesionada por la riqueza e indiferente a la situación de los pobres, de una sociedad hedonista orientada hacia la satisfacción de necesidades creadas artificialmente y ciega al sufrimiento de las masas empobrecidas, de una sociedad de consumo entregada a la idolatría de las modas y dura frente a la miseria de los marginados, de una sociedad de desperdicio puesta al servicio de la ideología del crecimiento económico ilimitado y sin compasión por las multitudes hambrientas.

Tampoco shalom puede ser una realidad en un mundo caracterizado por la injusticia a nivel internacional, un mundo dominado por la ambición de poder político y olvidadizo de los derechos humanos, un mundo en que se arrebata el pan de la boca de los menesterosos a fin de engordar a una élite con problemas de obesidad, un mundo en que las futuras generaciones de las naciones pobres nacen ya hipotecadas por los países ricos.

La única «paz» posible en esta clase de sociedad y esta clase de mundo es la paz impuesta por los gobiernos de seguridad nacional, una paz que depende totalmente de la persecución y el exilio, el arresto arbitrario y la tortura, las desapariciones forzadas, las mutilaciones y los asesinatos, una falsa paz desafiada para una élite privilegiada, comprada con la sangre de los oprimidos, una falsa paz que los pobres aborrecen y los ricos no pueden disfrutar totalmente, una paz que amenaza destruir totalmente la civilización moderna.

Si el fruto de la justicia es la paz, el fruto de la injusticia es la violencia y el caos social, la enemistad y la inseguridad, el odio y el temor. Cada injusticia que se comete contra los pobres lleva en sí la semilla de la subversión. La justicia conduce a la vida, la injusticia desemboca en la muerte. La injusticia no es meramente una violación de los derechos humanos sino también un pecado contra el Dios vivo. Por lo tanto, quienes persisten en la injusticia se colocan bajo el juicio de Dios. «El que se burla del pobre ofende a su Creador; el que se alegra de su desgracia no quedará sin castigo» (Pr 17.5).

La manera más eficiente de trabajar contra la paz es trabajar por la injusticia. Siembra injusticia y cosecharás violencia. En palabras de Robert Kennedy, «quienes imposibilitan la revolución pacífica, hacen inevitable la revolución violenta».

Dondequiera, cuando explota la violencia, la explicación común de parte de quienes son beneficiados por el sistema es que los causantes de los problemas son agitadores ajenos a la situación. La pregunta que debe plantearse a los defensores del statu quo es: ¿Qué lograrían tales agitadores si no fuese porque el terreno está ya abonado por el resentimiento y el odio causados por la injusticia?

América Latina es una buena ilustración del problema. Parecería que, a lo largo de su historia, nuestros países estuvieran atados a un círculo vicioso de empobrecimiento de las masas, seguido por explosión social, seguida por represión, seguida por un mayor empobrecimiento de las masas, seguido por una mayor explosión social, seguida por una mayor represión, y así sucesivamente. Cada vez que se repite el ciclo, aumenta el costo social. ¿Hay salida, especialmente si se toma en cuenta que cada intento de cambio es de inmediato convertido en el blanco de las sospechas de quienes mantienen el control de las estructuras de poder?

La situación se complica todavía más en vista del juego de intereses económicos a nivel internacional. La política externa de los Estados Unidos funciona en base al presupuesto que la democracia y la libertad son valores que deben preservarse a toda costa en todo el mundo. El hecho innegable es, sin embargo, que en tiempos de la Guerra Fría, el gobierno de los Estados Unidos fue siempre compañero de cama de los gobiernos más represivos en la historia de la humanidad...



C. René Padilla
Revista Kairós Nº 22, 2008
Ver artículo completo en KAIRÓS
Si el vínculo no funciona puede ver el artículo >>AQUÍ<<


La confusión es el factor que hace trizas la fe

Todos los seres humanos somos iguales. Permítame decirlo otra vez: Decir que siempre comprenderemos lo que Dios hace y cómo nuestro sufrimiento y nuestras desilusiones son parte de su plan, es tener un concepto equivocado de la Biblia. Tarde o temprano, la mayoría de nosotros llegaremos a encontrarnos en una situación en la que pareciera que Dios ha perdido el control, o el interés, en lo que está sucediendo. Esta idea sólo es una ilusión, pero tiene consecuencias peligrosas para nuestra salud espiritual y mental. Lo curioso del caso es que no son el dolor y el sufrimiento los que causan el mayor daño. La confusión es el factor que hace trizas la fe.

El espíritu humano es capaz de resistir una enorme cantidad de aflicciones, incluso el encontrarse ante la perspectiva de la muerte, si las circunstancias tienen sentido. Muchos mártires, prisioneros políticos y héroes de la guerra han ido a sus tumbas con gusto y llenos de confianza.

En contraste, los cristianos que se sienten confundidos y desilusionados con Dios, no tienen ese consuelo. Es la ausencia de significado lo que hace que su situación sea intolerable. Al encontrarse en esa condición, su depresión causada por una enfermedad inesperada o la trágica muerte de un ser querido, realmente puede ser más intensa que la experimentada por el incrédulo que ni esperaba ni recibió nada. No es raro el escuchar a un cristiano, que se siente confundido, expresar enorme inquietud, ira o incluso blasfemias. Este individuo confuso es como una niñita a la que su padre divorciado le ha dicho que va a ir a verla. Cuando su padre no lo hace, ella sufre mucho más que si él nunca se lo hubiera dicho.

La palabra clave, en relación con esto, es expectativas. Son ellas las que preparan el camino para que suframos una desilusión. No existe una angustia mayor que la que una persona experimenta cuando ha edificado todo su estilo de vida sobre cierto concepto teológico, y que luego éste se derrumbe en un momento de tensión y dolor extraordinarios. Una persona en esta situación, se enfrenta con la crisis que ha sacudido su fundamento.

Entonces.. tendrá que hacerle frente a la angustia del rechazo. El Dios a quien ha amado, adorado y servido, parece estar callado, lejano y despreocupado en su momento de más necesidad.

Dobson James. Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Unilit, 1993. pp21-22

Cuando las circunstancias no tienen sentido

Lamentablemente, muchos jóvenes creyentes, y también algunos más viejos, no saben que habrá momentos en la vida de cada persona, cuando las circunstancias no tienen sentido, cuando nos parece que lo que Dios ha hecho no tiene sentido. Este es un aspecto de la fe cristiana del cual no se habla mucho.
Tenemos tendencia a enseñarles a los nuevos cristianos las porciones de nuestra teología que son atractivas a la mente secular. Por ejemplo, Campus Crusade for Christ [Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo], (un ministerio evangelístico al cual respeto mucho), ha distribuido millones de folletos titulados: "Las cuatro leyes espirituales". El primero de esos cuatro principios bíblicos dice: "Dios le ama y tiene un plan maravilloso para su vida". Esa declaración es totalmente verdadera. Sin embargo, da a entender que el creyente siempre comprenderá ese "plan maravilloso", y que lo aprobará. Eso podría no ser cierto.

  • Para algunas personas, tales como Joni Eareckson Tada, el "plan maravilloso" significa vivir en una silla de ruedas como una cuadriplégica.
  • Para otras significa una muerte prematura, pobreza o el desprecio de la sociedad.
  • Para el profeta Jeremías, significó ser arrojado en una cisterna.
  • Para otros personajes bíblicos significó su ejecución.

Sin embargo, aun en las más terribles de las circunstancias, el plan de Dios es maravilloso, porque finalmente, "a los que aman a Dios" todas las cosas que estén en armonía con su voluntad "les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28).

El doctor Richard Selzer es un cirujano y uno de mis autores favoritos. El escribe las descripciones más hermosas y compasivas de sus pacientes y de los dramas humanos con que los mismos se enfrentan. En su libro titulado: Letters to a Young Doctor [Cartas para un joven doctor], dijo que la mayoría de nosotros parecemos estar protegidos durante algún tiempo por una membrana imaginaria que nos protege del horror... De la misma manera en que el sistema inmunológico nos protege de la presencia invisible de las bacterias dañinas, esta membrana mítica nos protege de las situaciones que ponen en peligro nuestra vida. Desde luego, no todos los jóvenes tienen esta protección.. Pero la mayoría de ellos están protegidos, y no se dan cuenta de esto. Entonces, a medida que pasan los años, un día ocurre. Sin ningún aviso, la membrana se rasga, y el horror penetra en la vida de la persona o en la de uno de sus seres queridos. Es en ese momento que una crisis teológica se presenta inesperadamente.

  • ¿Qué es lo que estoy sugiriendo?
  • ¿Que nuestro Padre celestial no se preocupa por sus vulnerables hijos o no se interesa en ellos?
  • ¿Que se burla de nosotros, los simples mortales, como si fuéramos parte de alguna broma cósmica, cruel?

Es casi una blasfemia el escribir tales disparates. Cada descripción de Dios que se hace en la Biblia , lo presenta como infinitamente amoroso y bondadoso, cuidando tiernamente a sus hijos terrenales, y guiando los pasos de los fieles.

  • El dice que "pueblo suyo somos, y ovejas de su prado" (Salmo 100:3).
  • Su gran amor por nosotros le movió a enviar a su Hijo unigénito como sacrificio por nuestro pecado, para que pudiéramos escapar del castigo que merecemos. El hizo esto "porque de tal manera amó al mundo" (Juan 3:16).
  • El apóstol Pablo lo expresó de la siguiente manera: "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida , ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:38-39).
  • Isaías nos comunicó este mensaje enviado directamente por nuestro Padre celestial: " No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia" (Isaías 41:10).

No, el problema no tiene nada que ver con el amor y la misericordia de Dios. Sin embargo, el problema persiste.

Dobson James. Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Unilit, 1993. pp18-20

"¿Por qué ha permitido Dios que me ocurra esto a mí?

...ejemplos de aflicciones y sufrimientos inexplicables podrían llenar los estantes de la biblioteca más grande del mundo, y cada persona sobre la faz de la tierra, podría contribuir con sus propias ilustraciones. No es fácil el racionalizar las guerras, el hambre, las enfermedades, los desastres naturales y las muertes prematuras. Pero las desdichas de esta clase, en gran escala, a veces inquietan menos a la persona que las circunstancias con que nos enfrentamos personalmente cada uno de nosotros. ¡Cáncer, insuficiencia renal, enfermedades cardíacas, síndrome de muerte infantil repentina, parálisis cerebral, mongolismo, violación, soledad, rechazo, fracaso, infertilidad, viudez! Estas, y un millón de otras fuentes de sufrimiento experimentado por los seres humanos, plantean preguntas inevitables que inquietan el alma. 
"¿Por qué ha permitido Dios que me ocurra esto a mí?" Esta es una pregunta a la que todos los creyentes, y muchos incrédulos, se han esforzado por contestar. Y contrario a lo que las enseñanzas de algunos cristianos en ciertos círculos, típicamente, el Señor no se apresura en explicar lo que él está haciendo. Si usted cree que Dios tiene la obligación de explicarnos su conducta, usted debiera examinar los siguientes pasajes de la Biblia: 

  • Salomón escribió en Proverbios 25:2: "Gloria de Dios es encubrir un asunto..."
  • Isaías 45:15, declara: "Verdaderamente tú eres Dios que te encubres..."
  • En Deuteronomio 29:29 (LBLA), leemos: "Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios..."
  • Eclesiastés 11:5, proclama: "Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas".
  • Isaías 55:8-9 (LBLA), enseña: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos".

Desde luego, la Biblia nos dice que nosotros carecemos de la capacidad para comprender la mente infinita de Dios o la manera en que él interviene en nuestras vidas. Qué arrogantes somos cuando pensamos lo contrario. Tratar de analizar su omnipotencia es como si una ameba tratara de comprender el comportamiento del ser humano.
Romanos 11:33, indica que los juicios de Dios son "insondables", y sus caminos "inescrutables". Una manera de hablar parecida a ésta, la encontramos en 1 Corintios 2:16 (LBLA), donde dice: "Porque ¿quién ha conocido la mente del Señor, para que le instruya?"
Por supuesto, a no ser que Dios escoja explicarnos su comportamiento, lo cual no suele hacer, sus motivos y propósitos están fuera del alcance de nosotros los seres mortales. Lo que esto quiere decir, en términos prácticos, es que muchas de nuestras preguntas, especialmente las que empiezan con las palabras por qué, tendrán que quedarse sin respuesta por ahora.

El apóstol Pablo se refirió al problema de las preguntas sin contestar, cuando escribió: "Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido" (1 Corintios 13:12). Pablo estaba explicando que no tendremos el cuadro completo hasta que estemos en la eternidad. De ahí se deduce que debemos aprender a aceptar nuestra comprensión parcial.

Dobson James. Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Unilit, 1993. pp16-18

Algo anda muy mal

Nuestra mente ha sido llevada de un lado a otro por los poderes de este mundo, con lo cual el evangelio de la gracia ha sido relegado al lugar de la esclavitud religiosa, con una imagen distorsionada de Dios, como un eterno contable de mente estrecha. La comunidad cristiana se asemeja a la bolsa de valores, donde el intercambio de obras hace que se honre a una elite y se ignore al hombre común. Se amordaza al amor, se ata a la libertad, se etiqueta la rectitud. La iglesia institucional se ha convertido en algo que hiere al sanado, en lugar de sanar al herido.

Dicho sin ambages: la iglesia norteamericana de hoy acepta la gracia en la teoría, pero la niega en la práctica. Decimos que creemos que la estructura fundamental de la realidad es la gracia y no las obras... pero nuestras vidas refutan nuestra fe. Por lo general, el evangelio de la gracia no se proclama, ni se comprende ni se vive. Muchísimos cristianos viven en la morada del temor, no en la del amor.

Nuestra cultura ha hecho que sea imposible comprender la palabra gracia. Somos ecos de frases y dichos como: «Nada es gratis». «Obtenemos lo que merecemos». «¿Quieres dinero? Trabaja para ganarlo». «¿Quieres que te amen? Esfuérzate por merecer el amor». «¿Quieres misericordia? Demuestra que la has ganado», «Haz con otros como los otros hacen contigo»… «Da a los otros lo que merezcan... pero ni un centavo más». Mi editora en Revell me dijo que oyó decir a un pastor que hablaba con un niño: «Dios ama a los niñitos buenos».

¿Cómo aconsejaría usted a alguien que practica la homosexualidad? ¿Tiene Jesucristo alguna respuesta para él?

Todos sabemos que la homosexualidad es algo incorrecto. El mundo la denomina "enfermedad", "estilo de vida alternativa", "preferencia sexual". Pero nadie que acepte la Biblia como Palabra de Dios puede llamarla otra cosa que pecado. Pero simplemente aceptarla como pecado, probar que es mala, no resuelve nada. ¿Qué respuesta podríamos darle al hombre que se halla en esta clase de esclavitud? Yo sólo sé de una: él necesita no sólo un cambio de conducta, sino también una nueva identidad.

Lee se hundió en una silla en mi oficina mientras me relataba su historia. - "He sido homosexual durante muchos años", dijo. Habló en voz baja. Estaba visiblemente deprimido y cansado. - "Entonces hace sólo unos meses unos amigos me hablaron de Cristo. Comencé a asistir a la iglesia, y creí que ya todo había cambiado. Pero ahora hay un muchacho en la iglesia por el cual me siento atraído, y no puedo sacármelo de la mente". Su voz se quebró con emoción al hablar del dolor de su corazón, y de cómo a pesar de todos sus esfuerzos por cambiar se encontraba regresando a los mismos viejos hábitos.

- "Recapacitemos por un momento", dije, "y déjame exponer lo que es la salvación". Le expliqué qué es el evangelio: la muerte del Señor Jesucristo y cómo trató con el pecado, su resurrección por medio de la cual ahora puede darnos de su vida. Le mostré que la salvación no es nuestro esfuerzo para cambiar nuestra conducta; sino, más bien, que Dios nos hace una nueva creación. Mi primera meta era descubrir si Lee realmente era cristiano. Basado en sus respuestas, él había nacido de nuevo. En realidad había recibido a Cristo, de modo que nuestro trabajo tenía que realizarse en otras áreas.

¿Qué hace usted si es cristiano y está luchando con tentaciones y deseos que obviamente son pecaminosos? En el caso de Lee, como en la mayoría de las situaciones en la consejería, había temas que necesitaban ser clarificados.

George, Bob. Cristianismo clásico. Unilit: Miami, 1994 (1989 ed. ing.) p.111-116


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La Biblia y la sexualidad - Juan Stam

Desde su primera página, la Biblia insiste en el valor positivo de toda la creación material. Según el primer relato de la creación (Génesis 1:1-2:4a), siete veces Dios declara “bueno” el mundo material que va creando (la luz 1:3; tierra y mar 1:10; vegetación 1:12; astros 1:18; peces y aves 1:21; animales 1:25; humanidad 1:31). La última, después de la creación del ser humano, califica “todo lo que había hecho” Dios como “bueno en gran manera”. Frente a mitologías contemporáneas que atribuían el origen del mundo a pleitos y caprichos de los dioses, o filosofías antiguas que despreciaban la materia y el cuerpo, la tradición hebrea afirmaba enfáticamente lo bueno de la realidad creada.

Esta afirmación de la materia y del cuerpo se refleja a través de las escrituras hebreas en la franqueza y la naturalidad con que tratan los temas biológicos y las funciones fisiológicas, tanto que nuestros modernos traductores a veces lo encubren con eufemismos menos chocantes a la sensibilidad occidental. Se expresa, también, en una muy simpática anécdota del Talmud. Parece que un día el Rabí Hilel estaba enseñando a sus discípulos y se le vino la necesidad urgente de ir al baño. Cuando pidió permiso de ausentarse, sus discípulos, un poco picarescos, le preguntaron, “¿Y a dónde te diriges?” Su respuesta los sorprendió: “Voy a cumplir un precepto divino”. “¿Eso es un precepto divino?”, le preguntaron. Y contestó: “Sí, el de cuidar el cuerpo”, porque Dios lo creó y lo declaró bueno.

La ética en la vida del cristiano - César Aníbal Villamil

La ética es un tema vasto y comprehensivo que constituye una de las ramas importantes de los estudios teológicos y puede ser definida como un sistema de valores morales y deberes. Tiene que ver con el carácter humano, las acciones y los fines. La ética también tiene que ver con la comunidad. No es cosa de argumentación, sino de conducta frente y hacia los demás, y su principio y su fin, por lo tanto, tiene que ver con responder a lo que da origen al término clave de la ética: la responsabilidad.
Crisis de la ética

En 1933, de acuerdo a la cita de Julián Marías, Ortega y Gasset comenzó un discurso que apuntaba a analizar la situación de España en aquella hora tan difícil, diciendo: No sabemos lo que nos pasa, y eso es, precisamente, lo que nos pasa. Lo mismo podría ser dicho en nuestro tiempo. Es hora de que sepamos lo que nos pasa, y lo que nos pasa es que atravesamos por una profunda crisis de valores, de la que la Iglesia no está exenta.

Los “Cristianos” y la Política: De la apatía a la vergüenza - Milton Acosta

Uno de los peores desaciertos que han cometido los cristianos evangélicos en América Latina recientemente ha sido la incursión en la política con los mal llamados “partidos políticos cristianos”. Es un error gravísimo con múltiples aristas, tanto teológicas como sociológicas. Veamos algunas.

Primero vamos con lo teológico. Esa idea de que “Colombia será para Cristo” ni es bíblica ni va a ocurrir. No olvidemos que hasta hace muy poco Europa era un continente “cristiano.” La Biblia dice que el evangelio será proclamado en todas partes, pero en ninguna parte afirma que todo el mundo se va a convertir en cristiano; todo lo contrario. El evangelio en general es y será rechazado porque el ser humano prefiere vivir a sus anchas sin pasar por las angostas de la ética cristiana, la de Jesús.

¿Pueden los cristianos ser poseídos por los demonios? – John MacArthur

¿Qué dice la Palabra de Dios, la piedra de toque de la verdad? ¿Pueden los demonios habitar o morar espacialmente en un verdadero creyente? ¿Pueden pasar a través de una puerta abierta y convertirse en un ocupante ilegal? Los proponentes de hoy del movimiento de guerra espiritual dicen que sí, pero ellos basan sus respuestas sobre experiencias subjetivas, y no de la Palabra de Dios. La Biblia deja en claro que tal afirmación no tiene base justificable.

No hay ningún ejemplo claro en la Biblia donde un demonio haya alguna vez habitado o invadido a un verdadero creyente. Nunca en las epístolas del Nuevo Testamento son advertidos a los creyentes acerca de la posibilidad de ser habitados por demonios. Ni vemos a ninguno reprendiendo, obligando, o echando demonios fuera de un verdadero creyente. Las epístolas nunca instruyen a los creyentes a echar fuera demonios, ya sea de un creyente o de un incrédulo. Cristo y los apóstoles fueron los único quienes echaron fuera demonios, y en cada ejemplo las personas posesionadas por demonios fueron incrédulos.

La enseñanza colectiva de la Escritura es que los demonios nunca pueden morar espacialmente dentro de un verdadero creyente. Una clara implicación de 2 Corintios 6, por ejemplo, es que el Espíritu Santo no puede cohabitar junto con demonios: ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo” (vv. 15-16).

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La era de la paz personal - Francis A. Schaeffer

El pensamiento humanista moderno se ha desmoronado en muchas formas hasta que, en un cierto punto de la historia que yo lo colocaría en el principio de la década del 60, las personas oyeron este tipo de mensaje, llegando a ellas de todas partes absolutamente, cuando leía libros de filosofía o cuando asistía a museos de arte, o escuchaba música o leía una novela moderna, o asistía al cine filosófico, era siempre lo mismo. Y eso es que, en una base humanista la razón conduce a la desesperación, a ninguna respuesta, y las personas deben tratar de encontrar soluciones en el área de la «sin razón». Llevó a las personas al punto donde no había ningún valor fijo para nada, estos habían desaparecido y la gran mayoría de las personas habían llegado al punto donde sólo tenían horrendos valores, horribles valores: «paz personal y la afluencia».

Ahora, como vamos a usar estos términos una y otra vez durante este episodio, déjennos definirlos cuidadosamente y les rogamos poner mucha atención. Escuchen: cuando usamos el término «paz personal» nos referimos al deseo del hombre que significa: «Deseo que me dejen sólo y no me interesa lo que le pase al hombre del otro lado de la calle o del otro lado del mundo. Quiero que mi estilo de vida no sea perturbado». «Sin considerar lo que significaría, incluso para mis propios hijos y mis nietos». Eso es para mí «paz personal». La afluencia significa «cosas, cosas, cosas», siempre más cosas, y el éxito: la abundancia de cosas.

El valor de la razón en la vida del creyente - Sugel Michelén

Algunas personas piensan que ser anti intelectual es piadoso por aquello de que “el conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1Cor. 8:1). Tales personas pierden de vista que la Biblia nos manda amar a Dios con toda nuestra mente, así como también pierden de vista algunos aspectos de la naturaleza de Dios y de Su revelación.

La Naturaleza de Dios

Nuestro Dios es un Dios racional, perfecto en conocimiento. El conoce todas las cosas, tanto las reales como las posibles (1Sam. 23:11-13; Job 37:16; 1Jn. 3:20). La Biblia señala a Dios como el “único sabio Dios” (Rom. 16:27), como el Dios de verdad, completamente confiable (Tito 1:2; Rom. 3:4; He. 6:18). Su Palabra es verdad (Jn. 17:17, y Su Iglesia (no las universidades) es columna y baluarte de la verdad (1Tim. 3:15). Conocer a Dios necesariamente involucra nuestras capacidades mentales.

¿Quién tiene la culpa? - Salvador Dellutri

Apartes del programa Tierra Firme de RTM con el profesor Salvador Dellutri:

Esteban: Estábamos mirando antes de la pausa la manera en que Edipo Rey resolvió la culpa enorme que lo embargó cuando se enteró que estaba casado con su madre, que había matado a su padre, que el problema familiar que había vivido lo metió en un brete en el cual no encontraba salida Salvador.

Salvador: Bueno. Muy distinta la cultura griega de la hebrea. La cultura hebrea era mucho más rígida porque tenía los diez mandamientos. Los diez mandamientos eran terribles, porque para cumplir hasta se legislaba en el corazón del hombre. Sin embargo, Dios dio los diez mandamientos y juntamente con eso (es muy importante entender la simultaneidad de todo eso), Dios da los diez mandamientos y hace hacer un templo portátil, y en ese templo, hay un altar y aquel que siente culpa porque ha transgredido, entonces lleva un cordero al altar y se sacrifica el cordero y Dios perdona la culpa. Aparece la expiación. Quiere decir que ellos tenían un sistema más rígido pero tenían un sistema expiatorio. Ellos podían reconocer la culpa, porque en el momento de hacerlo, tenían la forma de solucionarlo. Yo no tengo forma de solucionarlo y me angustia, pero los hebreos tenían formas para solucionarlo.

El cristianismo es exactamente lo mismo, la cruz de Jesús es el lugar de expiación de la culpa. Por lo tanto, puedo considerarme culpable, pero sé donde debo ir para descargarme de esa culpa. No voy a seguir el camino de Edipo.

Durante el siglo XVIII nació el concepto antropológico. Thomas Hobbes, quien escribió la frase: “el hombre lobo del hombre”, dice que el “hombre es capaz de hacer el mal, pero necesita un Estado Leviatán que lo maneje con mano de hierro”. Él es el primero que quiere evitar el estado de la culpa; pongámonos en un estado que sea tan rígido que nadie va a querer ser culpable.

¿Qué cosas debo buscar al elegir una nueva iglesia? – John MacArthur

¿Cuál es el criterio bíblico que necesita para estar consciente de cuando considerar una nueva iglesia? Comparemos la búsqueda de una iglesia con la búsqueda de una casa nueva. Cuando buscamos una casa, las personas típicamente preguntan: ¿Cuánto cuesta? ¿Cumple las necesidades de la familia? ¿Qué tan bien está construida? ¿Qué clase de vecinos hay? ¿Tiene una atmósfera cálida y hogareña? ¿Es propicia para la hospitalidad? Similarmente, antes de elegir una nueva iglesia usted necesita considerara su fundamento, estructura, función y entorno.

Antes de que consideremos estos componentes importantes, por favor dese cuenta que ninguna iglesia ha de ser perfecta. Algunas iglesias locales pueden parecer estar en excelentes condiciones, ¡mientras que otras pueden estar en obvio declive! Muchas caen entre los extremos. Usted debe buscar la voluntad de Dios y ser guiado por el Espíritu Santo en seleccionar una iglesia. También usted necesita evaluar que tanto usted y su familia puedan contribuir para ese ministerio, para que no sea solamente otra iglesia, sino una verdadera iglesia.

Lectura cristiana de un terremoto - Respuestas ante lo incomprensible – Milton Acosta

¿Qué puede uno decir como cristiano a una semana del terremoto ocurrido en Haití? Es probable que no haya mucho que decir, sino más bien mucho que hacer. Sin embargo, me permito ofrecer unas breves reflexiones desde una perspectiva bíblica, teológica y cristiana. Lo hago con plena consciencia de mis limitaciones en esos tres campos; por eso es “una perspectiva”. Como es un tema que levanta preguntas, lo he planteado en términos de respuestas.

La primera y más bíblica de todas las respuestas ante una tragedia como la ocurrida en Haití es “no entiendo.” La devastación de una nación ya devastada es un hecho incomprensible por donde se mire.

La segunda e igualmente bíblica de todas las respuestas es: “¿qué puedo hacer para ayudar?” y hacerlo. Ojala no pase mucho tiempo entre la primera respuesta y la segunda. Al dar hay que cuidarse de no convertir la ayuda al necesitado en un show o en una “inversión”. También es necesario reconocer nuestras limitaciones y que en realidad en la mayoría de los casos tampoco hacemos todo lo que pudiéramos hacer.

Hay quienes explotan estas tragedias política y sociológicamente. Despliegan números donde se muestra quién da más: “somos mejores que los demás”. Dista mucho esto de “no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha.” Así, lo que se presenta como bondad, desde la perspectiva bíblica es marca de la hipocresía y la vanagloria, de falsa espiritualidad y falsa bondad. Habrá que ver cuántos y quiénes quedan en Haití cuando las cámaras se hayan ido. Sin embargo, a veces ocurren cosas de tal magnitud que mueven a la humanidad como si Dios la moviera, sin reuniones ni lujosos salones ni grandes anuncios. En cualquier caso, dé de corazón, de prisa y según sus posibilidades.

La tercera respuesta cristiana es la oración: “Dales Señor a los sobrevivientes el consuelo que ninguna ayuda humana puede dar.” Esta respuesta va de la mano de la segunda. Si orar implica cerrar la billetera, ¡ay de ti! La oración le da continuidad a la ayuda, no la reemplaza. ¿Qué escucharemos de esta tragedia en un año, en cinco, en cincuenta? ¿Qué pasará cuando termine el show de los noticieros? La oración y la acción cristianas no pueden ir al ritmo de la “Noticia de última hora.”

Leer más en Pido la Palabra.
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El Evangelio de la gracia - Brennan Manning

Sí, el Dios de gracia encarnado en Jesucristo nos ama.  La gracia es la expresión activa de su amor. El cristiano vive por gracia, como hijo de Abba, rechazando por completo
  • al Dios que atrapa por sorpresa a las personas en su debilidad...
  • el Dios incapaz de sonreír ante nuestros errores,
  • el Dios que no acepta tomar asiento en nuestros festejos humanos,
  • el Dios que dice: «Pagarás por eso»,
  • el Dios incapaz de comprender que los niños siempre se ensucian y olvidan las cosas,
  • el Dios que anda al acecho de los pecadores.
Al mismo tiempo, los hijos del Padre rechazan al Dios color de rosa que promete que jamás lloverá el día de nuestro cumpleaños.

Un pastor que conozco recuerda un estudio bíblico en su iglesia, un domingo por la mañana, en el que se estudiaba el texto de Génesis 22. Dios le ordena a Abraham que tome a su hijo Isaac y lo ofrezca en sacrificio en el Monte Moriah. Cuando el grupo leyó el pasaje, el pastor explicó el trasfondo histórico de este período en la historia de la salvación, incluyendo la práctica del sacrificio de niños entre los cananitas. El grupo escuchó en incómodo silencio. Luego el pastor preguntó:
— ¿Y qué significa esta historia para nosotros? Un hombre de mediana edad dijo:
— Le diré lo que significa para mí. He decidido que mi familia y yo buscaremos otra iglesia. 
El pastor lo miró sorprendido: — ¿Cómo? ¿Por qué?
—Porque cuando veo a ese Dios, el Dios de Abraham, siento que estoy cerca de un Dios real, no del tipo de Dios digno y de aspecto comercial, del Dios miembro de un club social de quien conversamos aquí los domingos por la mañana. El Dios de Abraham podía hacer pedazos a un hombre, dar y quitar un hijo, pedir todo de uno, y luego pedir más. Yo quiero conocer a ese Dios.

El hijo de Dios sabe que la vida de gracia le llama a vivir en una montaña fría y ventosa, no en la placentera llanura de la religión a medias.  Porque en el corazón del evangelio de la gracia, el cielo se oscurece, el viento aúlla, un joven sube otro Moriah en obediencia a un Dios que lo exige todo y no se detiene jamás. A diferencia de Abraham, Él lleva una cruz sobre sus espaldas, no ramas para encender el fuego del sacrificio... como Abraham, escucha a un Dios salvaje e incansable que se saldrá con la suya, sin importar cuánto cueste.

Este es el Dios del evangelio de la gracia. Un Dios que por amor, envió al único Hijo que tenía, para envolverlo en nuestra piel. Aprendió cómo caminar, tropezaba y caía, lloraba por su leche, sudó sangre por la noche, fue azotado y escupido, fue clavado a una cruz y murió susurrando perdón para todos nosotros.

El Dios del cristiano legalista, por otra parte, es a menudo impredecible, errático, capaz de prejuicios diversos. Cuando vemos a Dios de esta manera, nos sentimos obligados a entrar en una espe¬cie de magia para aplacarle. La adoración del domingo se convierte en una supersticiosa póliza de seguros contra sus caprichos.  Este Dios espera que la gente sea perfecta, y que siempre sea capaz de controlar sus pensamientos y emociones. Cuando aquellos que son quebrantados por este concepto de Dios fallan —como sucederá inevitablemente— por lo general esperan castigo. Así que perseveran en prácticas religiosas mientras luchan por mantener una hueca imagen de un propio ser perfecto. La lucha en sí misma es extremadamente agotadora. Los legalistas nunca pueden cumplir las expectativas que proyectan para su Dios.

Una mujer de Atlanta, casada y con dos niños, me dijo hace poco que estaba segura de que Dios se sentía desilusionado con respecto a ella porque no estaba «haciendo nada» por Él. Me dijo que sentía el llamado a ministrar en un comedor, pero que luchaba con la idea de dejar a sus hijos al cuidado de otra persona. Se sorprendió cuando le dije que el llamado no provenía de Dios, sino de su propio legalismo. Ser buena madre no era suficiente para ella. En su mente, tampoco era suficiente para Dios.

La historia de las cosas

Un video que nos hace reflexionar sobre cuál es nuestra responsabilidad como cristianos frente al mundo que nos rodea...

La noche oscura del alma - R.C. Sproul

La noche oscura del alma. Este fenómeno describe una enfermedad que los más grandes de los cristianos han sufrido de vez en cuando. La enfermedad que provocó que David empapara de lágrimas su cama y que le ganó a Jeremías el apodo de «El Profeta Llorón». Fue la enfermedad que afligió tanto a Martín Lutero que su melancolía amenazaba con destruirle. Éste no es un ataque ordinario de depresión, pero es una depresión que está ligada a una crisis de fe, una crisis que viene cuando se siente la ausencia de Dios o se da lugar a una sensación de ser abandonado por él.

La depresión espiritual es real y puede ser grave. Nos preguntamos cómo una persona de fe puede experimentar tales bajones espirituales, pero lo que sea que los provoca no lo aparta de su realidad. Nuestra fe no es una acción constante. Se mueve. Vacila. Nos movemos de fe en fe y entretanto podríamos tener períodos de duda cuando gritamos: «Señor creo; ayúdame en mi incredulidad.»

Podemos pensar también que la noche oscura del alma es algo completamente incompatible con el fruto del Espíritu, no solo en lo que respecta a la fe, sino también al gozo. Una vez que el Espíritu Santo ha inundado nuestros corazones con un gozo indescriptible, ¿cómo puede haber lugar en él para tal oscuridad? Es importante que distingamos entre el fruto espiritual del gozo y el concepto cultural de la felicidad. Un cristiano puede tener gozo en su corazón mientras tiene depresión espiritual en su cabeza. La alegría que tenemos nos sostiene durante esas noches oscuras y no se ahoga por una depresión espiritual. El gozo del cristiano es uno que sobrevive a todos los bajones de la vida.

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