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Versiculitis - Uso y abuso de la Biblia – Milton Acosta

  • En una ocasión un hijo con emoción le cuenta a su padre cómo había “volado” por los aires al golpear una ola y ser expulsado de una goma tirada por una lancha con motor de seis cilindros y 3.500 cm3; el papá le respondió, “es cierto que Dios nos cuida, pero no debemos abusar.” 
  • Otra historia cuenta de un individuo que de manera arrogante desafió una serpiente venenosa porque la Biblia dice: “aplastarás al león y a la víbora; pisarás fieras y serpientes, y nada te pasará” (Salmo 91:13–14); pues resulta que la serpiente lo mordió y el tipo se murió. 
  • Hubo otro caso en el que una persona le dijo a otra: “lánzate desde este edificio, porque la Biblia dice que Dios mandará a sus ángeles para que te sostengan en sus manos y tus pies no tropiecen contra piedra alguna...”
Los tres casos son de la vida real. Al primero, un joven llevado por la emoción del momento, no le pasó nada por la misericordia de Dios; al segundo ya sabemos lo que le pasó por la arrogancia y porque la serpiente tal vez no había leído el salmo 91.

Fariseos ¡Hipócritas!: No más que tú ni que yo - Milton Acosta

Los personajes del Nuevo Testamento a quienes más mala prensa se les ha hecho son los fariseos. Tanto es así que para muchas personas fariseo es sinónimo de hipócrita. No se discutirá que sí fueron llamados hipócritas, pero hay que mirar bien la totalidad de la información que tenemos de ellos. Por cierto, la información es fragmentaria y en ocasiones contradictoria. Por su complejidad, no se podrá hacer aquí justicia al tema. Sin embargo, es posible observar que en el Nuevo Testamento y otras fuentes que de ellos hablan, los fariseos no se pueden reducir únicamente a la hipocresía.

Empecemos por el origen de los fariseos.[1] La respuesta corta es que no sabemos con exactitud cuáles son sus orígenes. Aparecen en escena por la época de los Macabeos. Dos opiniones compiten en cuanto al significado de su nombre: “separado” (Scott) o “agudo” (Baumgarten, N. T. Wright). Sabemos de los fariseos por los escritos de Josefo, los Rollos del Mar Muerto (crípticamente), la literatura rabínica y el Nuevo Testamento. Sabemos que algunos escribas son fariseos, pero no todo fariseo es escriba, ni todo escriba fariseo.

Sus dos características principales son: Defienden la pureza que exige el Templo, y la obediencia a la Torá y a la ley oral en todos los aspectos de la vida. Esto se convierte a su vez en una forma de resistencia al gobierno pagano de Roma. Por eso para ellos el guardar el sábado es un símbolo de poder fundamental para la identidad nacional. No constituyeron un poder oficial, pero con cartas de recomendación Saulo, un fariseo, perseguía a los cristianos; lo cual muestra también que algunos recurrían a medios violentos para lograr sus objetivos (Hc 9:1–2); también hay evidencias de su presencia en Masada; otros no recurrieron a la violencia, como Gamaliel (Hc 5:33–42). Es posible imaginarse la situación más o menos así: los pacifistas pensaban “Dios es el Señor de la historia” (Hillel) y los otros le contestaban, “Sí, pero en ocasiones podría requerir de nuestros servicios” (Shammai).

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¿Profeta yo? - Milton Acosta

Toda profesión por digna que sea puede ser desprestigiada. Del desprestigio se encargan los falsos y los torcidos. Por ejemplo, así como hay buenos médicos, también hay médicos ineptos, médicos tramposos y falsos médicos. Y por encima de los médicos están los sistemas nacionales de salud, la economía y los (d)efectos de la globalización en cada país. Pero bueno, nuestro tema es la profecía.

Resulta teológicamente más productivo hablar de las funciones de los profetas que de los términos hebreos que usa la Biblia para designarlos.[1] Las etimologías de idiomas antiguos suenan muy impresionantes y autoritativas, pero muchas veces bajo el manto de sapiencia se esconden falacias metodológicas monumentales. De nada sirve hablar de la etimología de la palabra “político”, por ejemplo, si sabemos que la función verdadera de muchos es apropiarse de los tesoros de la nación. Por eso algunas profesiones y oficios llegan a perder su significado etimológico y se convierten en sinónimos de otra cosa: tramposo, corrupto, sinvergüenza, pillo, atracador, ladrón, entre otros. Pero nuestro tema tampoco es ese, sino el profetismo y cómo éste se desprestigia.

Moisés es el primero y más grande de todos los profetas bíblicos (Nm 11:6–8; Dt 34:10; 18:18; Hc 7:37). Por medio de Moisés Israel recibe de Dios la constitución que ordena la vida y relaciones de Israel. Esta constitución abarca todo: fe, familia, política, economía y sociedad. Samuel inaugura otro período profético, el cual crece paralelo a la monarquía. Samuel le recuerda a Israel que la política puede cambiar, pero lo más importante es mantener el pacto por medio de la obediencia (1S 8 y 12).

¿Nos mandó Jesús a atar demonios? – Chuy Olivares

Ahondemos ahora en la importancia de la tercera regla de interpretación bíblica: Tomar las palabras en su contexto; es decir, los versículos anteriores y posteriores. Para ello me referiré a la famosa doctrina de “atar demonios”. Mateo 18:18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Este versículo ha sido aislado para crear la doctrina de atar demonios.

Pero veamos el contexto inmediato: 18:19, Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 18:20, Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. He escuchado más de una vez a personas que citan erróneamente este versículo con tristeza cuando nadie llegó a una reunión convocada por la iglesia, convencidas de que Jesús no está ahí porque no hay dos o tres reunidos en su nombre.

¿Deus Confusus? La nación en la oración – Milton Acosta

¿Le gustaría saber cómo confundir a Dios? Muy fácil, reemplace a Israel y Judá por su país y aplíquelo al presente. Si los cristianos en cada país hacemos lo mismo, terminaremos confundiendo a Dios, especialmente si tenemos conflictos con los vecinos. Veamos cómo una situación antigua (2R 18–20; 2Cr29–32; Is 36–39) se puede relacionar con el presente y producir un Deus Confusus.

En el año 701 antes de Cristo, el pequeño reino de Judá, siendo gobernado por Ezequías, enfrentó una crisis de grandes proporciones. El poderoso e implacable imperio asirio no lograba saciar su hambre expansionista. Le toca el turno a Judá; Senaquerib, rey Asiria, le toca la puerta a Judá y dice por boca de su arrogante emisario tres cosas en tono de burla, en un lugar público para que todos escuchen: 1) ninguno de los dioses de los pueblos que hemos avasallado ha sido capaz de salvar a nadie; ¿Qué te hace pensar que el dios tuyo o una alianza con estos pueblos te salvará? 2) me río de Egipto; sé de tus conversaciones con ellos y 3) si te traigo dos mil caballos, ¿tendrás jinetes para montarlos? De modo pues, mi amigo Ezequías, no confíes en palabras de aire; sométete, págame el tributo y ahorrémonos esta guerra. La cronología de los eventos de esta historia es compleja, pero se puede ver con claridad que la situación es absolutamente crítica.[1]

Ante palabras y hechos tan serios, Ezequías hace una oración modelo, cuyos componentes bien vale la pena mencionar: 1) Reconocimiento de Dios como creador y Señor; 2) reconocimiento de la amenaza; 3) al cierre, una petición (Is 37:16–20). Dios escuchó y despachó a los asirios.

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¿Cuál Tierra Santa? La tierra es santa – Milton Acosta

Todo el mundo tiene elementos intocables de su identidad y su cosmovisión: la mamá, la bandera; el partido político, un equipo de fútbol; un objeto religioso, los derechos humanos. Algunos no pueden soportar que se hable mal de Lady D, o de Michael Jackson, Garfield, los Simpson, Chávez, El Chavo. Lo intocable puede ser un objeto, una persona, un candidato, una interpretación de la historia. Obviamente estas son categorías muy variadas, pero siempre, con o sin razón, habrá alguien que considera ridículo lo que otro venera. Como dice la canción de la Orquesta Aragón: “Eso no tiene remedio.”

Para judíos y cristianos, la Tierra Santa ha sido intocable física y teológicamente por siglos. No todos los judíos de hoy están de acuerdo en el asunto, pero en el siglo primero de nuestra era sí lo estaban. Así, los cuatro intocables de los judíos del siglo primero eran: Templo, tierra, Torá y etnia. Algunos debatirían el último, pero no los otros tres. Esto es asunto de los judíos del siglo primero de nuestra era.[1] Lo que resulta teológicamente inaceptable es que haya hoy cristianos con una teología hipersiónica y en consecuencia antibíblica de la tierra,[2] a tal punto que algunos por poco se convierten en cruzados al estilo medieval. Examinemos brevemente el tema de la tierra santa en la Biblia.

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¿Un problema para la Sola fide en Romanos 10:10?

Si, todos sabemos que este versículo ha sido utilizado para cosas que no tienen absolutamente nada que ver con la intención del apóstol. Creo que no hace falta explicar que este versículo para nada autoriza la práctica de la iglesia evangélica promedio de recitar una “oración del pecador” para ser salvo; siendo que, en el mismo texto, la confesión no es apuntada hacia Dios en primer lugar, y en segundo lugar, se nos dá el contenido de dicha confesión: “Jesús es el Señor”. Punto.

Sin embargo, los que amamos la Palabra de Dios, y creemos que la Teología Reformada de Justificación por Fe sola es absolutamente bíblica, nos hayamos en un dilema. En este contexto, ¿qué lugar tiene la confesión? Normalmente, decidimos escaparnos del problema diciendo que, esa es sólo la evidencia de que ya fuimos salvos. Siempre me oculté bajo esa interpretación. Pero leo el pasaje, y no parece decir eso. ¿Qué hacer? ¿Se halla comprometida la justificación por fe SOLA? Quiero compartir, por medio de este muy breve comentario, cuál creo que es la interpretación correcta; respetando las doctrinas de la Biblia- especialmente, aquella de la justificación a través de la fe sola-, pero también siendo fieles y sinceros al texto...

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¿Jehová, Yahvé, Señor…? - Edesio Sánchez Cetina

Para quienes hemos nacido en la tradición evangélica y pertenecemos a las generaciones que crecieron con la Reina-Valera 1909 ó 1960, leer o decir «Jehová» para referirnos al nombre especial y singular del Dios del Antiguo Testamento es algo normal. Sin embargo, a partir de la década de los setenta, con la aparición de nuevas traducciones y versiones castellanas, los lectores de la Biblia han descubierto, unas veces con inquietud y otras con sorpresa, que «Jehová» no es la única manera de escribir ese nombre especial de Dios. Tomemos como ejemplo cuatro de las versiones más recientes de la Biblia: Nueva Biblia de Jerusalén (1998), La Biblia *Latinoamérica (1995), Nueva Versión Internacional (1999) y Dios habla hoy (1994).

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La elección de un rey y la elección de un presidente Elecciones constitucionales - Milton Acosta

Desde tiempos muy antiguos las naciones se rigen por algún tipo de constitución. Para el Israel bíblico la Constitución es la Toráh (también llamada Ley o Pentateuco). Una de las estipulaciones importantes allí es la escogencia de un rey.

Aunque el Israel bíblico se constituye como una teocracia, esto no significó que cada decisión se tomaba por revelación. Existía una constitución. El libro que más propiamente podríamos llamar “Constitución política” es el Deuteronomio. Las estipulaciones allí contenidas para escoger rey son pocas, claras y precisas (17:14–20). Una vez escogido se crea una dinastía, pero las normas que rigen ese primer momento pueden servirnos hoy para reflexionar en las elecciones presidenciales en países democráticos.

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Un buen ejemplo... de cómo no debemos interpretar la Biblia! - Juan Stam


El hermano venezolano, Jaime Orlando Barboza Salas, circula por correo electrónico muchos artículos, generalmente largos y detallados y a menudo sobre el Apocalipsis. Lamentablemente, sus interpretaciones suelen ser muy dudosas, aptas más bien para confundir al pueblo de Dios. También lamentablemente, su interpretación es típica de la de muchos otros intérpretes, con los mismos errores de métodos de interpretar el texto (hermenéutica) y de sacar conclusiones (exégesis; teología). Por eso es necesario analizar un poco sus argumentos.

En un reciente artículo, con el título "La verdad: ¿Quiénes eran los nicolaítas?", don Jaime Orlando formula el siguiente argumento: 
"Nicolaíta proviene del griego NICO que significa dominio o conquista sobre otros y LAOS que significa pueblo... De ahí podemos analizar la composición NICOLAOS que viene a ser algo así como DOMINIO SOBRE EL PUEBLO...


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