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La oración y la justificación por la fe

…Los estudiantes del seminario, a pesar de defender tenazmente la doctrina de la justificación por fe, eran demasiado tímidos para declarar que ellos eran justos como Jesús. Pero el decir una cosa es decir la otra. La palabra "justificado" significa "ser declarado completamente justo".

Lo que impide que alguien que conoce lo que la Biblia enseña acerca de la justificación se aplique ese conocimiento es el concepto de que nuestra justicia en Cristo solamente tiene que ver con el lugar al cual vamos al morir, y que nuestra aceptación presente está basada en nuestro comportamiento.

Mientras alguien piense así, no podrá experimentar ningún beneficio práctico de saber que ya es justificado en Cristo; sino que continuará tratando con Dios como si estuviera en un sistema de méritos personales, y experimentará la misma clase de barrera emocional entre él y Dios (aunque no exista ninguna barrera desde la perspectiva divina) que experimentaba mi hijo Bobby conmigo. La verdad es que Dios nos considera totalmente aceptables y justos ante sus ojos ahora mismo -no por lo que hacemos, sino por lo que Él ha hecho por nosotros.

La actitud en la oración - J. Vernon McGee

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar. (Lucas 18:1)

El capítulo diecisiete de Lucas termina con un discurso sobre los últimos días y el hecho de que Jesús vendría de nuevo. Y Él comparó los últimos días a los días de Noé, que serían días difíciles—días que no serían favorables a la fe. Entonces les habló acerca de una vida de fe en los días que carecen de fe. Por eso es tan pertinente para esta hora. Estamos viviendo en los días, como Él indicó, cuando los corazones de la gente les fallen por temor. Lo que tenemos en la primera parábola de Lucas 18 es un párrafo pertinente sobre la oración para la hora presente. Note que Lucas dice que Jesús les contró una parábola con este fin; esto es, con este propósito, que la gente siempre debe orar y no desmayar.

Él abre dos alternativas a cualquier hombre que vive en días difíciles. Usted y yo tendremos que hacer una de las dos. Usted tendrá que decidir qué va a hacer. La gente en los días difíciles o desmayará o orará. O bien habrá días de miedo o días de fe.

¿Deus Confusus? La nación en la oración – Milton Acosta

¿Le gustaría saber cómo confundir a Dios? Muy fácil, reemplace a Israel y Judá por su país y aplíquelo al presente. Si los cristianos en cada país hacemos lo mismo, terminaremos confundiendo a Dios, especialmente si tenemos conflictos con los vecinos. Veamos cómo una situación antigua (2R 18–20; 2Cr29–32; Is 36–39) se puede relacionar con el presente y producir un Deus Confusus.

En el año 701 antes de Cristo, el pequeño reino de Judá, siendo gobernado por Ezequías, enfrentó una crisis de grandes proporciones. El poderoso e implacable imperio asirio no lograba saciar su hambre expansionista. Le toca el turno a Judá; Senaquerib, rey Asiria, le toca la puerta a Judá y dice por boca de su arrogante emisario tres cosas en tono de burla, en un lugar público para que todos escuchen: 1) ninguno de los dioses de los pueblos que hemos avasallado ha sido capaz de salvar a nadie; ¿Qué te hace pensar que el dios tuyo o una alianza con estos pueblos te salvará? 2) me río de Egipto; sé de tus conversaciones con ellos y 3) si te traigo dos mil caballos, ¿tendrás jinetes para montarlos? De modo pues, mi amigo Ezequías, no confíes en palabras de aire; sométete, págame el tributo y ahorrémonos esta guerra. La cronología de los eventos de esta historia es compleja, pero se puede ver con claridad que la situación es absolutamente crítica.[1]

Ante palabras y hechos tan serios, Ezequías hace una oración modelo, cuyos componentes bien vale la pena mencionar: 1) Reconocimiento de Dios como creador y Señor; 2) reconocimiento de la amenaza; 3) al cierre, una petición (Is 37:16–20). Dios escuchó y despachó a los asirios.

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