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Mundo sin centro: cultura, construcción de la identidad y cognición en la era digital

Javier Alejandro Corredor
Óscar Humberto Pinzón
Rosa Marcela Guerrero

Internet parece estar corrompiendo los supuestos básicos de lo que significa crecer en la cultura. Los efectos de estas transformaciones son particularmente dramáticos cuando se considera la forma en que han permitido la explosión de canales de distribución de información en el ámbito global y facilitado la supresión del espacio físico como mediador de la interacción grupal y personal. 
  • ¿Qué consecuencias tiene esto para los procesos de desarrollo cognitivo e identitario y, por ende, para la conformación del sujeto en la cultura? 
  • ¿Cómo operan estos procesos en las realidades cambiantes de los contextos latinoamericanos? 

A partir de la literatura reciente sobre el rol de los nuevos medios de información en el desarrollo cognitivo e identitario, y tomando información de varios estudios en curso sobre los efectos de internet en la construcción cultural, la interacción cotidiana en las redes sociales y las tradiciones retóricas y argumentativas en espacios de debate online, este texto explora posibles respuestas a estas preguntas.

Desde un sector importante de las ciencias sociales se ha propuesto que el efecto principal de estos cambios es la disolución del “sí mismo”. El sujeto contemporáneo, enfrentado a la desaparición de las instituciones básicas de la modernidad, restringido a encuentros casuales causados por la ausencia de un sentido de comunidad y bombardeado por numerosos canales de información, pierde unidad y se diluye en un concepto relacional que cambia para responder a las exigencias de la audiencia y el contexto (Gergen 1991). En estos recuentos, de una u otra manera, parece estar implícita la idea de que el ser de la modernidad tardía deja de ser real, y se transforma en una ficción, un remedo de sí mismo reflejado en objetos y símbolos externos. Este artículo presenta una posición más moderada. Se propone aquí que si bien los cambios producidos por las nuevas tecnologías de la información modifican profundamente el desarrollo actual del sujeto en la cultura, es también cierto que los sujetos, particularmente los adolescentes en desarrollo, realizan complejas negociaciones estratégicas para darle coherencia a la experiencia de sí y para construir un sentido de comunidad. Más allá de una visión utópica o trágica, este artículo intenta dar una idea de cómo los adolescentes contemporáneos aprenden a construirse en la cultura, con los potenciales y, por supuesto, las limitaciones de la época.

Fuente:
Revista de Estudios Sociales No. 40 agosto de 2011. Pp. 160. ISSN 0123-885X Bogotá, pp. 44-56. http://res.uniandes.edu.co/indexar.php?c=Revista+No+40

(Si el vínculo no funciona puede ver el documento completo AQUI.)

Ser iglesias en tiempos posmodernos

Entre la fosilización institucional y el futuro de una espiritualidad cristiana
Edgardo A. Montecinos Mundaca

En primer lugar, la religión cristiana de los tiempos postmodernos es una religión emancipada de su dimensión institucional. La institución se muestra cada vez más incapaz de regular la vida religiosa de los individuos y darle sentido, por cuanto la conciencia de autonomía en el individuo está cada más vigente. Son cada vez más las personas, especialmente jóvenes, que han renunciado a todas las certezas del pasado: certezas religiosas, políticas, científicas, históricas y culturales. El sentir es de ya no creer nada de lo que las autoridades del tipo que sea están diciendo y han venido diciendo durante siglos.

Muchas personas piensan hoy que todas las autoridades religiosas son excluyentes, creadoras de división y opresoras. Podríamos agregar a esto, los incontables escándalos morales de líderes religiosos que van minado cada vez más la confianza en las instituciones religiosas.

En segundo lugar, y como consecuencia del resquebrajamiento institucional y su incapacidad para normar, el individuo religioso es un ser emancipado respecto de la ortodoxia. Las personas están experimentando la creencia religiosa, ya no desde la objetividad impuesta por las iglesias sino desde la subjetividad del individuo. Lo mismo ocurre en el ámbito de la moral.

En este contexto las personas están encontrando nuevas formas de espiritualidad capaces de satisfacer sus necesidades. Como lo expresa Albert Nolan6, nuestros tiempos se caracterizan por un «hambre generalizada de espiritualidad», es decir, sentimientos de necesidad de una espiritualidad. Anhelamos contacto y armonía con el misterio que está más allá de lo que podemos ver, oler, oír, gustar, tocar o pensar, pero que experimentamos en todas estas dimensiones sin dar preeminencia a ninguna de ellas.

La posmodernidad y su efecto en las iglesias evangélicas latinoamericanas - José Pacheco

Desde el génesis de la iglesia cristiana en el siglo I, de Constantino, gestor de una religión de estado e institucional, del sistema económico feudal de la Edad Media, de la edad de las luces del Renacimiento y la Ilustración, hasta lo que hoy se vislumbra como la modernidad tardía o posmodernidad, la iglesia ha sido desafiada a dar respuesta de su fe.

En todo tiempo y circunstancia, la zozobra e incertidumbre han confrontado a la iglesia de Jesucristo. Las persecuciones sean físicas o intelectuales, los embates militares y políticos, la exclusión y hasta la condena de las sociedades, la han hecho reflexionar, reevaluar y reorientar su existencia. Ha sido enemiga de muchos, socia de una cuantos, pero siempre protagonista desde el centro del poder político, económico y social, o bien, desde la periferia, como una voz de protesta profética a un mundo siempre en tensión y crisis. Cumpliéndose así cabalmente las palabras del Señor Jesucristo: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros (Jn. 15:18). Y también cuando dijo: “vosotros sois la luz del mundo…la sal de la tierra” (Mt. 6:13-14).

Esta relación dual de la iglesia, inserta en el mundo, es el resultado y la expresión de su doble naturaleza, la cual es humana-divina, lo que le produce algunos problemas para la misma. Porque a medida que la iglesia permite que su naturaleza divina se exprese como luz y sal, irá descubriendo que ella misma está en conflicto con el mundo. Un mundo sumido en crisis tan severas, que en palabras de Maston: “la sucesión de crisis ha llegado a ser constante y perpetua, tanto que, los hombres están llegando a aceptar como normal”. 1

Un acercamiento socio-religioso al movimiento caristmático evángelico en el Perú - Oscar Amat y León

Podemos afirmar que la conciencia de estar viviendo una nueva era se ha generalizado como un fenómeno a escala mundial. Diferentes sectores de la población desde diversos lugares y discursos están diagnosticando el fin de una época y el inicio de nuevas formas de percibir el mundo. Antiguos valores de la sociedad industrial de occidente han comenzado a relativizarse y perder vigencia. Una nueva conciencia, que se expresa a través de los canales más variados, está emergiendo. Nos encontramos ante la crisis del proyecto de la modernidad y la aparición del fenómeno de la postmodernidad.

"Posmoderno indica simplemente un estado de alma, o mejor un estado de espíritu. Podría decirse que se trata de un cambio en la relación con el problema del sentido: diría, simplificando mucho, que lo moderno es la consciencia de la ausencia de valor en muchas actividades. Si se quiere, lo que es nuevo sería el no saber responder al problema del sentido."

La postmodernidad o el fenómeno de lo postmoderno puede ser entendido como: "...una conciencia generalizada del agotamiento de la razón, tanto por su incapacidad para abrir nuevas vías de progreso humano como por su debilidad teórica para otear lo que se avecina."

Vale decir que la postmodernidad se caracteriza por la percepción generalizada de estar atravesando una situación nueva o más actual, con respecto a aquello que por esencia es lo moderno o lo contemporáneo. Las paradojas del lenguaje nos permiten identificar, pues, un estado de superación de la mentalidad de la modernidad. Esta situación que es "post", por el carácter de actualidad y vigencia de una nueva manera de pensar, pasa a ser el paradigma desde el que se construyen las sensibilidades e interpretaciones de la realidad.

Matrimonio: Las palabras tienen significado

Una de las características de esta era posmoderna es el desprecio por la verdad. En boca de todos está el dicho, “Usted tiene su verdad. Yo la mía.” Los posmodernos no creen en la verdad absoluta, sino que nadan en un nefasto relativismo. Ahora, todo es subjetivo. Todo depende de lo que una persona crea es lo correcto; todo es válido siempre y cuando ese algo sea lo mejor para esa persona. Esta es la clase de anti intelectualismo que prima en nuestra sociedad.

¡Los posmodernos odian las definiciones! No las toleran precisamente porque se le pone un límite a lo que un término debe significar. Ellos desean que la definición de un término dependa de la persona. No puede existir una verdad absoluta, pues como dije, todo es relativo. Y esto es, evidentemente, una falacia. Todo el argumento posmoderno se cae cuando examinamos bajo la lupa cada una de sus inconsistencias doctrinales.
Y un ejemplo de este absurdo posmodernismo lo vemos en la re-definición del matrimonio. Este término significa en todos los idiomas, “la unión de un hombre con una mujer.” No hay otra manera de definirlo. Fue así como Dios lo definió, y es así como a lo largo de toda la historia de la humanidad ha sido entendido. Pero ahora, en nuestros tiempos, se ha tratado de re-definir este término, con la intención de incluir dentro de su definición la unión de personas del mismo sexo.

La era de la paz personal - Francis A. Schaeffer

El pensamiento humanista moderno se ha desmoronado en muchas formas hasta que, en un cierto punto de la historia que yo lo colocaría en el principio de la década del 60, las personas oyeron este tipo de mensaje, llegando a ellas de todas partes absolutamente, cuando leía libros de filosofía o cuando asistía a museos de arte, o escuchaba música o leía una novela moderna, o asistía al cine filosófico, era siempre lo mismo. Y eso es que, en una base humanista la razón conduce a la desesperación, a ninguna respuesta, y las personas deben tratar de encontrar soluciones en el área de la «sin razón». Llevó a las personas al punto donde no había ningún valor fijo para nada, estos habían desaparecido y la gran mayoría de las personas habían llegado al punto donde sólo tenían horrendos valores, horribles valores: «paz personal y la afluencia».

Ahora, como vamos a usar estos términos una y otra vez durante este episodio, déjennos definirlos cuidadosamente y les rogamos poner mucha atención. Escuchen: cuando usamos el término «paz personal» nos referimos al deseo del hombre que significa: «Deseo que me dejen sólo y no me interesa lo que le pase al hombre del otro lado de la calle o del otro lado del mundo. Quiero que mi estilo de vida no sea perturbado». «Sin considerar lo que significaría, incluso para mis propios hijos y mis nietos». Eso es para mí «paz personal». La afluencia significa «cosas, cosas, cosas», siempre más cosas, y el éxito: la abundancia de cosas.

Pragmatismo: ¿Tendencia o Trampa? - John MacArthur

Por la gracia de Dios, he sido el pastor de la misma iglesia por casi cuarenta años. De esa posición ventajosa, he presenciado el nacimiento y el crecimiento de tendencias amenazadoras dentro de la iglesia, algunas de las cuales han convergido bajo lo que llamaría el pragmatismo evangélico - un acercamiento hacia el ministerio que es generalizado en la cristiandad contemporánea.

¿Qué es el pragmatismo? Básicamente es una filosofía que dice que los resultados determinan el significado, la verdad, y el valor - lo que funcione se convierte en una pregunta más importante que lo que es verdad. Como cristianos, nos sentimos llamados a confiar en lo que el Señor dice, predicamos ese mensaje a los demás y le dejamos los resultados a El. Pero muchos han hecho a un lado esto. Buscando relevancia y éxito, le han dado la bienvenida a un enfoque pragmático y han recibido el caballo de Troya proverbial.

Déjeme tomar algunos minutos para explicar un poco de la historia guiándolo hasta la trinchera actual del enfoque pragmático en la iglesia evangélica y mostrarle por qué no es tan inocente como aparenta.

La Biblia y la cultura postmoderna - Víctor Rey

Siendo “siervos de la Palabra de Dios”, como decían los Reformadores, el exegeta se pone entre el Señor que habló ayer y habla hoy, y la comunidad de fe, aquí y ahora, espera oír y obedecer el mensaje de Dios para su pueblo. El exegeta asume, en nombre de la comunidad de fe y en solidaridad humilde con ella, la tarea de escuchar la Palabra de Dios. Y asume, en nombre del Señor y llamado por él, la tarea de proclamar hoy esa palabra liberadora para el hombre y la mujer.

LA MODERNIDAD
La modernidad da luces para entender la postmodernidad. La confianza del hombre moderno en sus capacidades genera un nuevo paradigma antropocéntrico: la razón se torna autónoma, el hombre puede caminar sin necesidad de tutela alguna porque su racionalidad le permite iluminar todos los aspectos de su vida para lograr la felicidad y el bienestar social.
Sus logros son las ciencias, la técnica, las organizaciones, las instituciones, la planificación, la intervención en la naturaleza, las grandes utopías.