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La historia de la Biblia en español - Sugel Michelén

Actualmente podemos ir a una librería y encontrar diversas versiones de la Biblia en español, y en una enorme variedad de formatos. Pero hubo un tiempo en que esto era un grave delito, por cuanto los reyes católicos de España, Fernando e Isabel, habían prohibido terminantemente la traducción de la Biblia al castellano.
Alfonso de Castro, en su libro “Tratado de las Herejías”, escrito en 1534, dice: “Hay que alabar con toda justicia el edicto de los esclarecidos y católicos reyes de España… por el que prohibieron bajo severísimas penas que nadie tradujera los libros sagrados a la lengua vulgar o que nadie retuviera lo traducido por otro con cualquier autorización”.

Esta prohibición sería ratificada por la Iglesia Católica, que en el índice de libros prohibidos por Paulo IV y en el español del inquisidor Valdés (ambos publicados en 1559) se prohíbe explícitamente la lectura de la Palabra de Dios en el idioma vulgar o en otro cualquiera “como no esté en hebraico, caldeo, griego o latín”. Ese veto sería ratificado en el Concilio de Trento unos años más tarde.

Formas históricas de renovación y alabanza - Samuel Escobar

Todo movimiento de renovación en la historia de la iglesia deja huellas en la memoria cristiana por medio de formas de adoración y alabanza contextual tales como la música, la poesía y ciertas formas de culto. Nuestros himnarios constituyen un testimonio vivo de ese proceso histórico al cual queremos prestar atención brevemente. Los himnarios son el tipo de instrumentos que nos permite practicar la adoración a Dios tomando conciencia de que somos un pueblo cuya memoria colectiva es fuente de inspiración para el acto de adoración en el presente. Por vía de ilustración, en este trabajo he tenido a mano uno de los himnarios bautistas más difundidos en el mundo de habla hispana, y encuentro en sus páginas numerosos ejemplos que provienen de los movimientos de renovación a los cuales voy a hacer referencia.

Para el pueblo de Dios tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos, los tiempos de renovación espiritual significan momentos en los cuales se recupera una conciencia colectiva de la santidad de Dios, de su trascendencia, del hecho maravilloso de su revelación a los seres humanos, y de su poder para vivificar a la iglesia y convertir a los pecadores. La adoración, al igual que todo otro aspecto de la vida cristiana, puede pasar por períodos de fatiga y rutina en los cuales la vida del pueblo de Dios parece ser nada más que la repetición de un ritual frío y formalista. Los movimientos de renovación suelen ser movimientos por medio de los cuales la iglesia recupera su visión y su dinamismo espiritual, regresa a las fuentes de la fe, es purificada de los males que resultan de un formalismo frío que ha perdido la presencia del Espíritu y el gozo de la vida cristiana. Generalmente esta renovación lleva a un nuevo sentido de adoración a Dios y una renovada toma de conciencia de la misión; gracias a ella la iglesia puede enfrentar nuevos tiempos históricos y cambios culturales con nuevas estructuras y nuevas formas de adoración, proclamación, pastoral y servicio.

Los cristos de nuestras tierras - Emilio Antonio Núñez

Acerca de España dijo un poeta: «la raza española está pronta y preparada. El Capitán Cervantes está al timón, y la bandera de Cristo está enarbolada». También se ha dicho que el americano de sangre india «aún ora a Cristo y aún habla español». Esto último es ciertamente innegable; el reinado de Cervantes aún permanece entre nosotros, aunque no todos seamos sus más fieles súbditos. El tema de orar a Cristo despierta ciertos interrogantes, uno de los cuales es, ¿a cuál Cristo oran los latinoamericanos? Porque la verdad es que aunque hay muchos cristos de fabricación humana, hay solamente un Cristo verdadero y auténtico, escondido detrás de altares que bien podrían llevar la leyenda «al Cristo desconocido», porque hay miles y miles que lo adoran sin conocerlo.

EL CRISTO ESPAÑOL
Es cierto que Cristo llegó a nosotros por vía española -esa España que, dotada de un sentido de misión, una mística singular del espíritu ibérico, conquistó y colonizó gran parte del Nuevo Mundo. «Por primera y última vez en la historia de la cristiandad, dice John MacKay, «la espada y la cruz formaron una alianza ofensiva con el objeto de llevar el cristianismo -o al menos lo que se consideraba como tal- a tierras extrañas».

Encabezando está empresa estaba Cristóbal Colón, el almirante genovés, quien, capitalizando sobre la tradición que rodeaba a su histórico homónimo, alegaba ser un verdadero «portador de Cristo». Pero de nuevo preguntamos ¿cuál? Y la respuesta debe ser ni más ni menos que aquel austero, de vestimenta medieval, el de los fríos e inflexibles escolásticos, el Cristo de España.

De Edimburgo 1910 a Lima 1972. Cambios de paradigma en el desarrollo de la misión - René Padilla

Si la verdad del cristianismo dependiese de la fidelidad con que los cristianos lo han plasmado en la historia, poco se podría decir a su favor. Aunque la historia de la iglesia abunda en páginas que ilustran la dinámica del Evangelio para la transformación personal y social, también abunda en páginas que muestran la facilidad con que los cristianos han transformado el Evangelio del Reino de Dios —las buenas nuevas del reinado de Dios de justicia y shalom inaugurado por Jesucristo— en una religión puesta al servicio de los reinos de este mundo dominados por intereses ajenos al propósito de Dios.

Uno de los ejemplos más claros de la utilización del cristianismo con propósitos indignos se da en la vinculación entre el imperialismo de Occidente y la labor misionera tanto católica romana como protestante en los últimos siglos y hasta nuestros días. Nadie ignora que la empresa de conquistar y colonizar América en el siglo 16 dio por sentado que la extensión del imperio regido por el rey Fernando y la reina Isabel era equivalente a la extensión del Reino de Dios. Y en nombre de ese ideal supuestamente cristiano, avalado por el Papa, se cometió toda suerte de atrocidades y atropellos contra las naciones vencidas.

Leer más en el blog de Rene Padilla 1 Parte 2 Parte

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