"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón para el Señor, y no para los hombres… “ (Col. 3:23)
En días recientes, el pueblo cristiano ha sido estremecido por la noticia de varios cantantes cristianos que han sido arrestados por posesión de sustancias controladas. Otros casos de inmoralidad y escándalo también han trascendido a la palestra pública. La pregunta es, ¿qué es lo que está sucediendo? Me propongo dar una respuesta a este fenómeno. Pero primero quiero dejar meridianamente claro que no pretendo culpar a todos los exponentes de este género, ni generalizar. Muchos cantantes cristianos son verdaderos siervos y siervas de Dios, que utilizan su talento musical para exaltar a Dios y servirle genuinamente. Sin embargo, algo ha ocurrido en estos tiempos que presenta un serio peligro y una gran tentación a muchos talentosos músicos y cantantes cristianos. De eso estaremos hablando.
Recuerdo los cantantes cristianos de antaño. Eran en su mayoría hermanitos sencillos, miembros de sus iglesias que veían sus talentos y dones como parte del cuerpo de Cristo, sujetos a sus pastores y dispuestos a ir donde se les necesitaba, muchas veces costeando sus propios gastos. No tenían ínfulas de grandeza, y se presentaban ante el público sin mucha pompa sin necesidad de escenarios voluptuosos. En aquél tiempo algunos llegaron a grabar discos, y a trascender del ámbito de sus iglesias, pero aún así, seguían siendo las mismas personas. Tal vez sus producciones no eran tan profesionales y cuidadosamente montadas como las de ahora, pero el mensaje que comunicaban a través de sus líricas era bíblico, evangelístico, y directo. Salvo algunas excepciones, en la actualidad la llamada música cristiana que se escucha es una imitación burda de famosos cantantes mundanos y la lírica muchas veces no se sabe si va dirigida a Dios o a un amante terrenal.